No me cae bien Michael Bay. Cre
o que hay que ser honesto y dejar clara mi nula simpatía por el director de Bad Boys. Pienso que toda crítica de una película suya debería empezar así ya que a menudo estas se ven condicionadas por la acritud que provoca hacia su persona e, indirectamente, hacia su trabajo. A pesar de los empeños de ciertos sectores, no es el nuevo Spielberg (ni el sobrevalorado J.J.Abrams tampoco, por cierto) ni nunca nadie lo será.También hay que manifestar que no estamos ante El Séptimo sello, Vertigo o Yojimbo sino ante el Blockbuster del verano (con permiso de Piratas del Caribe 4) y como tal hay que tratarlo. Es justo reconocer que Bay sorprende con esta tercera entrega, sin duda la mejor de la saga, después del fracaso crítico que supuso la segunda parte. En ella vierte nuevamente todas sus obsesiones, tics y su particular concepto del cine-espectáculo representado en un circo-vale-todo. El americano no se deja nada en la manga, pone toda la carne en el asador (lo que nos deja entrever que no dirigirá una cuarta parte) para brindarnos su film más logrado junto con La Roca.
Bay vuelve a situar a críticos y prensa especializada en la fina linea que separa la demencia de la cordura ya que, con nada nuevo proyecto, se plantean la misma cuestión: es o no Bay un autor? Si nos atenemos a la definición realizada por Cahiers, si, rotundamente si.






