Todo el mundo busca la fe
licidad. Incluso en los parajes más inhóspitos del mundo. En el corazón de la helada noruega, rodeados de un metro de nieve también viven personas que tienen problemas de personas. Si no se lo creen pregúntenselo a Kaja: una mujer infelizmente casada, de vida monótona y aburrida. Kaja convive con la indiferencia de su marido, con la insolencia de su hijo, con la soledad y con el deseo reprimido. Es un polvorín de emociones que solo necesita de una chispa para hacer que todo salte por los aires.
Echémosle un vistazo al argumento: nuestra protagonista (la ya mencionada Kaja) vive en un entorno complicado, pero no deja de ser una mujer abierta y optimista. Todo cambiará en el momento en que llegada de los nuevos vecinos Elizabeth y Sigve: el paradigma de la pareja perfecta. Es el momento en el que Kaja, embelesada con la pareja, de rienda suelta a sus emociones con los efectos que ello tendrá en las vidas de los protagonistas.
Con materiales más amables que este se han construido dramas desgarradores. Sin embargo "Siempre feliz" no tiene ninguna intención de deprimir a nadie. Tampoco es una de esas comedias tan empalagosas que sonrojarían a la mismísima "Hello Kitty". Van a divertirse. Más de un momento hilarante les arrancará sonoras carcajadas. Seguro que se sienten mejor al salir del cine, pero algo perturbará su calma: una sensación parecida a la de tener una piedrecita en el zapato o una pestaña en el ojo. Y es que en "Siempre feliz" se corre el riesgo de reconocer a alguien (en el mejor de los casos) o de verse retratado a uno mismo.
Nos encontramos frente a uno de esos casos excepcionales por la complejidad de su trasfondo. Un filme que solo puede construir una persona que va un paso por delante del resto. En este caso es la debutante Anne Sewitsky la que consigue elaborar ese postre tan bien cocinado que el sabor amargo encaja perfectamente con el dulce. Eso solo puede lograrlo un gran chef.
No traten de prever lo que ocurrirá en el siguiente minuto. Cada giro es más sorprendente que el anterior. Los enredos alcanzan cotas nunca vistas. Esa es su principal bondad, del mismo modo que resulta ser su principal defecto. Llega un momento a mitad del segundo acto en el que uno desea un poco de convencionalidad. La directora se da cuenta y finaliza su obra antes de que el espectador empiece a hartarse. Gran acierto. Lo que se puede contar en ochenta y ocho minutos no hay que prolongarlo más.
Especial mención merece Agness Kittelsen en su interpretación de Kaja. Es difícil ser más divertida y encantadora. Tampoco es nada despreciable la relación entre los hijos de las dos parejas: un chico negro y otro blanco que son unos auténticos "robaplanos".
Si tienen la ocasión, no dejen de pasarse por el cine para ver "Siempre feliz". Que no les asuste la etiqueta de "comedia noruega": se van a reír, la calidad de la obra es notablemente superior a la media veraniega y al salir se sentirán mejores personas.
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Hector Fernández
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