Critica Agora de Alejandro Amenabar con Rachel Weisz como Hipatia
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Si tuviera que describir Ágora con una única palabra, esa sería pasión.
Si tuviera que hacer la crítica empleando una sola palabra, la encargada sería decepción.
Las intenciones de Alejandro Amenábar para con Ágora son grandiosas y su dedicación en estos últimos 4 años total. La película no se hace larga, tampoco pesada. El espectador tiene la certeza de que no ha visto un mal largometraje pero sin embargo conforme va saliendo de la sala se va olvidando de forma acelerada de la historia que le acaban de contar. La indiferencia se apodera, siendo esta un síntoma inequívoco de que algo falla en el engranaje.

Si el director de origen chileno pero adoptado en España tiene una virtud, esa no es otra que la manera en que cuenta las historias. Alejandro Amenábar puede partir de un guión simple y transformarlo visualmente a cotas que pocos directores pueden gracias a su enfoque (Tesis, Mar adentro). Él tiene una mirada privilegiada y sabe jugar con la cámara pero en esta ocasión no ha sabido otorgarle a Alejandría el esplendor que hubiera querido. La ciudad de Alejandría que representa (estamos en el año 391 D.C.) es brillante, fielmente elaborada, pero Amenábar ha puesto tanto énfasis en la construcción de la historia (documentación de la época, situación política, social...) que se ha olvidado de lo más importante: la propia historia que quiere contarnos.

La historia a la que hago referencia se divide en 3 ramas, como si fueran especialidades de esa Biblioteca ansiada por cualquier estudioso de la época: La política, la religión (la cual va unida a la primera) y la importancia del saber. A estas tres ramificaciones también se les ha unido el amor, buscando que la cinta contuviera mayor dramatismo.
Las ideas son consistentes y argumentalmente ricas (en variedad y sustancia). Sin embargo, la ejecución es caótica desmoronándose desde las bases de los pilares que sustentan el largometraje. A mi parecer, tanto la religión como la política están llenas de tópicos. Según afirmaba Alejandro después de finalizar el rodaje de Ágora acabó consciente que su ideología se acercaba más al ateísmo.
Quizá por esto mismo se nos muestra las 3 religiones coexistentes en Alejandría de tal forma que ninguna de ellas esté por encima a nivel moral: ni la pagana (la originaria), ni la cristiana (primero emergente y después mayoritaria) ni tampoco la judía (perseguida pero igual de autoritaria). La lucha entre ellas por erigirse como la única verdad es la causante de la violencia. Un acto del cual huyen en sus enseñanzas teóricas pero a la que recurren en la práctica. En Alejandría en el siglo 4 y en la actualidad a lo largo de todo el globo.

El mayor logro (junto a los increíbles decorados) reside en la importancia que se da para las diferentes culturas el saber, su conocimiento. Los libros son el legado de una cultura junto con su arquitectura, pintura o escultura. Es ahí donde primero debe atacar otra cultura para poder ser verdadera, eliminando cualquier teorema que ponga en tela de juicio "su verdad". Así ha sido siempre y es como el pueblo ha sido manipulado en vez de aprender de los demás. De no ser por gente que ha dado su vida en las guerras a lo largo de los años para salvar de la quema los libros, estaríamos cegados en esa morada segura a la que llamamos incultura.
Reflejo de la cultura pagana la encontramos en Hipatia (interpretada por Rachel Weisz), una de las más importantes filósofas (recordemos que la palabra filósofo se empleaba para la gente sabia, la que trabajaba en diferentes facetas de la ciencia) de la época aunque no haya llegado a nuestro tiempo ningún trabajo escrito por ella. Su campo era la astrología, haciendo caso omiso de las reglas establecidas. Mujer independiente, alejada de las órdenes de cualquier hombre y a la que la ciencia le hacia ver a todos igual, sin importar las diferentes creencias.

Rachel Weisz esta discreta, a la altura de un personaje que no da más de sí por la infinidad de detalles que se nos quiere contar en la película, lo que deja cojos todos los personajes y luchas ideológicas. Incluso Hipatia la profesora esta casi ausente, mostrándonos únicamente su ofuscación en descubrir los entresijos del universo.
Por su parte, poco aportan los dos enamorados de Hipatia, por un lado Orestes (Oscar Isaac) y por el otro el esclavo Davo (Max Minguella). Si acaso la interpretación de Max salva su personaje que vaga en el umbral de la cordura y la locura sin personalidad, vacío y esclavo de sí mismo. En cuanto a la interpretación de Oscar Isaac, decir que esta sobreactuada y sin carisma.
Lo mismo podríamos decir de los cristianos Amonio y Cirilo. El primero nos lo presentan como un orador manipulador poseído de sus creencias y el segundo como el típico maestro de ceremonias de la inquisición, alejado de cualquier sentimiento de bondad.

En resumen, Ágora peca de querer ser grandiosa como lo era Alejandría y su director, Alejandro Amenábar, se ha perdido entre tanta documentación dejando de lado la narración.
Encontraremos buenos detalles técnicos, como lo es la escena en la que el mundo se vuelve del revés, representando el caos que vive la ciudad, acompañada después por una cámara super rápida que deja al pueblo a la altura de las hormigas, corriendo de un lado para otro como si buscaran la reina a la que obedecer.
Patinazos los tiene cualquiera y aunque no sea de forma estrepitosa, no deja de decepcionar una historia puesta en las manos de uno de los mejores realizadores del momento. Una pena viniendo del hombre que demostró con su ópera prima, Tesis, que el cine español tiene talento.
Actualizado (Miércoles, 03 de Marzo de 2010 12:31)












Comentarios
Nos muestra algo muy trascendente: la importancia de la cultura y el saber (representado en Hipatia y la filosofía) la busqueda del saber "conocimiento", La quema de los libros por gente fanática y la inquisisción contra Hipatia, es el legado de esta cinta.
Me ha gustado mucho esta película
En épocas como la actual, donde el cine se nutre de vampiros sexys, de "Mentiras y Gordas", etc... hacer una pelicula como "Agora" es muy dificil, algo que solo puede ser llevado a cabo por un genio: ALEJANDRO AMENABAR, mi admiración para él y para su película.
Claro que puede chirriar algún aspecto, pero es que el propósito es colosal. Parece que los que la critican globalmente, en el fondo lo que añoran es algo que distraiga: romanticismo, violencia, historieta plana, fantasía, etc. Pero si te hace pensar, entonces aburre y se hace larga. Para vosotros las Gladiator o Troya, o Spiderman, yo me quedo con Ágora mil veces.
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