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Artículo de Opinión crítica. El árbol de la vida, de Terrence Malick. Barricada dual

Viernes, 30 de Septiembre de 2011 19:47 Miquel Costa
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Poster El Arbol de la Vida

 

 

Escribir sobre Terrence Malick es algo así como describir Terra incognita ya que es de los pocos cineastas que se resisten a conceder entrevistas; como una especie de J. D. Salinger del cine. Poca información pues de primera mano, en boca del propio director, que nos ayude a comprender mejor su forma de concebir y entender el cine, ni de referentes personales que afirmen su convicción. Sí conocemos, sucintamente, su recorrido vital antes de desembarcar en la realización cinematográfica: profesor de filosofía y de estética, de literatura inglesa y, ‘antes de’, periodista free lance en diferentes rotativos de prensa escrita, para finalmente empezar a experimentar con el lenguaje cinematográfico por medio del cortometraje. Experiencia en la que no se sintió cómodo, desacorde con su sentido del tempo narrativo, y lo decidió a dar el gran salto a la categoría príncipe de los formatos: el largometraje.

 

Poco prolífico: sólo cinco películas en casi cuarenta años, en el que es justo advertir, desde un primer momento, una marcada pero aún tímida visión panteísta en todos sus argumentos, in crescendo en el tiempo; en los que la narración se articula en base a situar al hombre en el devenir de la naturaleza, y las tensiones y conflictos que esto conlleva en un marco mayor, del Universo. Sea una huída sin esperanza (Malas tierras, 1973), el tabú social y la fatalidad del amor imposible (Días del cielo, 1978), la inconciencia de la guerra colectiva y la tensión individual que genera (La delgada línea roja, 1998), o la incomprensión de lo diferente y el choque cultural, y natural (El nuevo mundo, 2005), toda su filmografía se entronca en un proyecto común, un ‘metatexto’ familiar que se repite en todas las historias, por muy diferentes que éstas parezcan; el “universo Malick”, podría decirse. En términos más prosaicos, pero indefectiblemente poéticos, la narración cinematográfica del desequilibrio, el conflicto del hombre acomodado en la naturaleza de la que es parte pero, a su vez, un vecino molesto y extraño.

 

Fotograma Bosque

 

Si el fondo está claro será honesto reconocer, también, el atractivo de una forma narrativa inusual, arriesgada y deliberadamente filosófica, donde prima lo visual, lo estético, que deslumbra en mayor o menor medida dependiendo del caso y la opinión. Su ‘opera prima’ Malas tierras y, sobretodo, la antibélica La delgada línea roja son piezas de alto valor cinematográfico que para este crítico se distinguen por mérito propio en su más bien escueta filmografía.

 

Pero ¿qué es El árbol de la vida? ¿qué nos cuenta Malick esta vez? La idea es simple pero la narración arriesgada y ambiciosa. Se siente la llamada del peligro. En cine, como en cualquier otro lenguaje artístico, no basta con una idea, también es preciso contarla, seducir a la audiencia y hacerle partícipe de la narración, de la misma forma que un cuento universal, una anécdota o, incluso, un chiste precisan de alguien que apunte maneras y sepa ganarse al público.

 

Todo lo que, en conciencia, se teme, en esta larga meditación de casi dos horas y media, está presente: la dialéctica Eros-Thanatos, de la vida y la muerte, el sentido de la vida, el dolor y el amor, la relación entre Dios y la naturaleza, y el hombre. Nos ofrece la idea y se entiende la intención.

 

Fotograma Presentación EAdlV

 

 

 

Malick dispara, en preliminares, dos prólogos que presidirán este relato dual bajo el signo de Job –el hombre justo que padece sin motivo aparente-. Al poco de presentar a los actores del drama, los O’Brien, en aleatorios y breves flashes de sus vidas, y de subrayar la tragedia de la muerte de unos de sus tres hijos, arranca por sorpresa con una insólita mescolanza de visiones cósmicas, rugidos de la naturaleza terrestre e imágenes de la formación de la vida; una génesis de la vida salpicada de tenues pero contundentes pinceladas de voz en off que confunden al espectador (entiéndase, ahora, en el buen sentido): ¿Tal vez reflexiones verbalizadas de alguno de los personajes que habitan en la película? ¿un misterioso ente que se mueve en segundo plano y coreografía el hilo de la historia? ¿Una sutil combinación de ambos tipos de registro? Obviemos el reto, de momento. A poco más de media hora de la dínamo visual de destellos visuales y la ofrenda de la dimensión metafísica y bíblica sugerida, el desprevenido espectador (desbordado pero aún receptivo) es teletransportado, de nuevo, al mundo de los humanos y la historia que articulará la película.

 

Fotograma espacio

 

 

El momento: década de los 50 en los Estados Unidos. Brad Pitt –también productor de la película- interpreta a un padre de clase media, severo y autoritario; tomando el pulso a la sociedad norteamericana de la época. Es la voz de la naturaleza, el individualismo y la ambición, el representante de los más fuertes. Mientras que su esposa, interpretada por la ideal Jessica Chastain, es el amor, la ternura, la gracia (¿aproximación intencionada al mito simbólico de la Virgen?). Entre estos dos polos que ‘rigen el universo’ antes anunciado, su hijo Jack (Hunter McCracken) está tratando de crecer, y entender su papel en el mundo, alzándose como la clave del drama familiar –antesala simbólica de aquello que es universal, mucho más grave y potente-. Remarcar que esta búsqueda del perdón y de la trascendencia, filmada desde el punto de vista del ‘ojo’ bipolar malickiano, se alterna entre diferentes estratos espacio-temporales, en un constante movimiento de cámara, impresionante en los primeros 20 minutos de la película: Desde el Big Bang, pasando por el nacimiento del sistema solar, a los dinosaurios, de éstos a la década de los 50s y, de ahí, a los edificios pulidos y vitrificados de hoy, donde un Jack ya adulto, Sean Penn, se mueve y respira –digámoslo así-.

 

Policromia

 

La épica cosmogónica de Terrence Malick da lugar, en esta densa letanía cinematográfica, a imágenes a menudo sorprendentes, donde el esperma se alterna con mareas de medusas, que se superponen con los planetas, y el oleaje de lava con la sopa primordial del Universo (Los ecos a 2001: una odisea del espacio, con el aparato musical, se hacen presentes). Escenas, todas ellas, aireadas con diferentes piezas de música clásica pretendiendo crear, posiblemente, referentes emocionales a los que asirse. Pero a mi parecer, este majestuoso maremagnum, añade un desequilibrio aparatoso que influye en la narración. La discontinuidad narrativa se percibe incoherente, no intencionadamente subversiva como uno podría anticipar presto a aceptarla, tratándose de Malick, y acaba pasando factura.

 

Las interpretaciones de Brad Pitt, Jessica Chastain y la de Hunter McCracken (Jack, el hijo adolescente) son correctas pero paradójicamente es la parte menos interesante del filme. La de Sean Penn ‘memorable’, pero por incomprensible, ya que el público se preguntará, en todo momento, que hace o que pretende, incluso aquello de ¿de qué va?, o, incluso algunos, cual de los hijos es. ¿Un empacho de sensaciones que sacrifica la claridad básica de la narración? Asistimos a un sistema de oposiciones esquemáticas (padre/ madre, padre/ hijo, hombre/ naturaleza, innato/ adquirido, micro/ macro) montadas sobre un severo y espectacular collage que, no por serlo, resulta carente de emoción embebido en su radical esteticismo, y, por ende, de compleja empatía e identificación. Terrence Malick arriesga, y mucho, con los constantes cambios de presentación, de naturaleza a historia, del Cretácico a los años 50, del futuro al pasado, y viceversa.

 

Familia

 

 

Experimental y con un discurso que nace en las cenizas del ‘más allá’ posmoderno, si de cine hablamos, El árbol de la vida es algo así como la película más libre y, a su vez, más hermética de Malick. Un más allá profundamente autista que se siente artificial y reclama entusiamo en términos de fe narrativa. En el que tanto la duración del metraje como el ritmo lento que impone el director, en la orgía de su descolocado montaje, aturde a muchos espectadores que no podrán resistir un largo trailer plagado de sermones –da igual si religiosos o no- que empezó muy bien y nunca se detiene; deseando, secretamente, que llegue el final, Otros tantos, tan aturdidos como los primeros, creeran, entregados a un acto litúrgico que tampoco terminan de asimilar racionalmente. Justo es destacar la deslumbrante puesta en escena, obra del director de fotografía Emmanuel Lubezki, que, a su pesar, estrangula muy pronto el interés que hubiera podido suscitar; agotadora, por repetitiva, con excesos de gran angular, inclinados, contrapicados e imposibles que bambolean la perspectiva, a menudo bello (molesto al final), donde la estética del filme parece prevalecer sobre cualquier otro mérito, incluído el de la presunta narración de ficción cinematográfica. La idea está clara sí, pero para parte de la audiencia resultará incomprensible la hipotética aportación semántica de su discurso.

 

policromia 2

 

 

Digámoslo claro: El árbol de la vida es una de las películas más inusuales que este aficionado al cine haya podido ver (partiendo del Andrei Rublev de Tarkovsky, pasando por el orwelliano Ciudadano Kane o finalizando en el Antichrist de Lars Von Trier, por citar tan sólo unas pocas a las que rindo mi aprecio y dejan impronta en la retina cinéfila), pero que se niega a sí misma, escondiéndose detrás de un trailer tramposo y un elenco artístico de alto nivel; arte experimental, más arte que cine, pero del que siento fundadas dudas sobre su valor cinematográfico real a la hora de juzgar sus logros. Tan educado y, a veces, a mis ojos tan sospechosamente pretencioso que acabará por resultar insoportable.

 

Si bien es cierto que en muchas otras artes la incomprensión pueda obviarse totalmente y abandonarse al puro placer de la evocación sensorial, no me convence algo que se ampara en el capricho de la absoluta abstracción. Malogra, en mi opinión, todo fundamento de lo que fue, es y será el llamado séptimo arte. No todo vale, aunque tampoco es necesariamente malo que se intente.

 

Por si fuera poco, al final Malick no arriesga nada en su elección musical. Tras una larga gestación cinematográfica de años, forzada al final por aquello del sí o sí, el realizador hace encaje de bolillos e, imagino, prevee la indigestión del experimento total. De ahí la decisión de suavizar el impacto de su collage, armándolo con diversas piezas de música clásica y preexistente que siempre brindará familiaridad y prestigio como asidero de emergencia. Entre éstas, una pieza barroca para clave, Las barricadas misteriosas, del compositor francés François Couperin “el Grande”, domina el registro sonoro en su versión new age, alzándose con el trofeo del leit motif vehicular del filme. Uno puede entrever la cara estupefacta que debió quedarle al compositor Alexander Desplat, después de componer una preciosa banda sonora, de carácter íntimo y espíritu minimalista, que vestía como un guante al filme; uno puede imaginar, también, que hubiera ocurrido si Malick hubiera usado el difícil y digno trabajo resultante en su montaje final: desastre minimalista universal. BSO que ahora se vende en CD como música cinematográfica del filme, para alimento extra del desconcierto, y que, en cambio, suena apenas diez minutos de las casi dos horas y media que dura el filme. Para su pesar, sorprende que haya tantos hablando de la magnífica labor musical de Desplat en el filme, algunos críticos incluídos, pues señala un escribir rápido y de segunda mano. de algo que no se vió, o se vió mal, ni prácticamente se escuchó en el proyecto ‘Q’, hecho celuloide, de Malick.

BSO El árbol de la vida (sólo en filme). Tema Les barricades mysterieuses, de François Couperin (1668-1733)

 


BSO El árbol de la vida (en filme y cd BSO). Tema Childhood, de Alexandre Desplat


Opino que Terrence Malick no ha acertado esta vez. Es humano, sobretodo si uno se obsesiona e implica de tal modo en este cuadro, a su manera, autobiográfico, conociendo la época que le tocó vivir de niño y el particular drama individual que le atañe directamente (la muerte de un hermano). Y este articulista no se siente especialmente insensible, ni carente de imaginación, ni menos aficionado al cine que antes de pensarlo, y afirmarlo. La coherencia personal obliga. De la misma manera que Sean Penn, según sus propias declaraciones (en The Guardian o Le Figaro, por citar algunos rotativos), afirmaba con su honestidad habitual:

 

“El guión es el más hermoso que he leído, pero no pude encontrar esa misma emoción en la pantalla”, dijo. “Un relato más claro y más convencional habría ayudado a la película sin que, en mi opinión, disminuyera su belleza y su impacto. Francamente, yo todavía estoy tratando de averiguar lo que estoy haciendo allí y lo que aporto en su contexto. Es más, Terry se las arregló para no explicármelo nunca con claridad”. The Guardian. Sean Penn on The tree of life

 

Sean PennPermitidme subrayar la buena intención del director, distinta de aquella que comercializó la producción. Malick realiza cine para él mismo, y en esta película alcanza su cota más exasperante y, por ello, la más cerrada para buena parte del público, incluídos la de algunos de sus admiradores con la sensibilidad y predisposición a su merced. Su mensaje nos ha llegado torcido, alimentando una polémica que dudo preveyera o deseara, y alejando el foco de atención de aquello que importa: el argumento. Es lógico concluir que, al margen del habitual factor subjetivo del ‘gustar o no gustar’, tanto como el del ‘ser o no ser’, las sensaciones, serán dispares; sensaciones, todas respetables, que sólo pretenden ser el primer escalón de aquello que se conoce como sabiduría psíquica, reclamada por unos u otros, defensores y detractores, al nivel de un triste debate de reality show. Tras la sensación, la emoción, luego el sentimiento, y por ese orden, coincida o no, cada uno con el suyo, con la impresión de lo visto. Ya no se trata pues de lo que se cuenta, la vida (el guión), sino de cómo se cuenta, la vida (de la película), y de si ello es cine, en el vasto y complejo territorio que ello abarca (pero no tan libre ni salvaje como se pretende). La ya vieja y temida disputa del vanguardismo y la abstracción en las artes plásticas, tan subjetiva, inasequible y agotadora invade ahora el mundo del cine. Posible anacronismo en este caso, escribiendo de películas, cine de masas por tradición, de minorias por negociación. Desbarajuste garantizado.

 

Si algo tendrá de bueno la experiencia de ver este filme es a lo que obliga. Replantearse la vieja, y nueva, cuestión de ¿qué es el cine?. Pero servidor no vestirá este artículo con tales alardes y, si acaso, me rindo a vuestra paciencia recomendando la lectura atenta al estupendo artículo de Gregorio Sanchez; luego, más tarde, por otro camino: Qué es el cine. Artículo de Gregorio Sánchez

 

No hay rencor ni pretensión en mi opinión, pues sólo es eso: franqueza cinéfila a compartir, aunque puede no coincidir. Una del tipo que espera con ilusión el próximo proyecto Malick, ya en postproducción, para el 2012-2013: The burial, un drama romántico en la que intervienen, entre otros, Ben Affleck, Rachel McAdams, Rachel Weisz y Javier Bardem.

 

Y regreso a la pregunta: ¿y El árbol de la vida? Visión cruel la de este árbol de la vida inanimada en la que el mensajero hace indescifrable el mensaje. Una gran decepción, sensibilidad incluída. La mía. Sin embargo, Malick es y será siempre un cineasta, tal vez uno de los grandes, no un delincuente.

 

Por muy frustrante o mística que resultara la experiencia, es una, cierto, que implicará dualidad de criterio, desde luego. ¿O ya era esa la verdadera intención de Terry?

 

Demasiadas preguntas y tan pocas respuestas…, y algunas tan pobres como la propia conclusión de la 'megaelipsis', que encierra el final del relato.

 

Calificación: 2 sobre 5 (4 sobre 10)

 

 

 

 

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Comentarios  

 
+2 #4 Rocío 11-10-2011 10:52
Tu opinión me parece inteligente,bie n razonada y a contracorriente .Ok con tu valoración. Añadiré,además, que el posible elogio de la forma y la belleza de una película,en un mundo tan duro y deshumanizado, como cada vez apunta más el nuestro,me seduce bien poco si se sacrifica el fondo.¿Dónde queda la crítica social,cultural ,familiar,etc.?,tan necesaria,que golpee las conciencias y los estómagos.En fin,cine azucarado sin mensaje, para olvidarte,precí samente,del mundo.Evasión,como una comedia o una de acción,un parque temático o un chute de algo,la noche de un sábado.No se yo en que queda el patrimonio de la sensibilidad,ni dónde enfocar al insensible.
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+1 #3 Karpersky 05-10-2011 12:38
[...]Entre los menos, que fueron “a ver una película”,está claro que te encuentras tú, si se te lee con atención.Me atraen tus preguntas.Como peli completa me da que Malick juega con las cartas marcadas,cada uno, cada cual, saldrá por donde le venga en gana en su reacción, pues no hay paragüas mínimamente formal en el que refugiarse. Para mí no es una gran película, pero puede que sí un fabuloso experimento de programa triple, o tripi, que disfruté según la parte. Pues eso,un abrazo, que me encantó leerte.Eres de lo que no abunda, como Sean Penn ;)
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0 #2 Karpersky 05-10-2011 12:36
Lo que no capto demasiado bien es esa actitud tan extendida de “ir al cine”,como actividad lúdico-pedestre, en lugar de la más común de “ir a ver una película”,como acto lúdico-intelectual de reflexión. Ahora resulta que con el dichoso Arbol muchos fueron sólo “a ver a Brad Pitt” y otros “a ver a Malick”. A los primeros, el Brad&Cia by Malick les cabreó profundamente, y a los segundos, su Malick, más rarote que nunca, afiló la pinza y la tiró por un agujero negro universal, invitándolos a seguirla.Y así lo hicieron. Será la fe esa, digo yo,porque luego hasta explicaron el milagro
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+3 #1 Nacho 03-10-2011 13:40
Película difícil y densa,que invita al desasosiego,la convicción ciega o el rechazo según el caso.Pocas críticas he leído,favorable s o desfavorables,q ue me hayan dicho algo útil sobre ella.La mayoría tendenciosas,po r metafísicas o por sarcásticas,aña diendo petulancia u ofensa,dependie ndo del signo.Alimento de este cainismo tan español de lo absoluto,vácuo e hipócrita que se parapeta pero no aporta ni clarifica.

Se nota que tienes el culo pelado de tanta butaca y proyección.Sobretodo te apetece compartir,sin doblez ni puntos de masacre.Respeto,coheren cia y dotes no te faltan.Coincido con tu artículo y me ayuda a asimilarla mejor.Invitando a tu reflexión sobre qué es el cine.Una perla lo del vanguardismo y la ‘fe’ narrativa.Ah,y lo de la sensibilidad.

Como te suelo leer,indispensa ble en este lugar,digo que Impecable,compa rta o no uno tu valoración,si tus impresiones.En mi caso,El arbol un suficiente justillo,con narrativa cuestionable.
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