Como buenos científicos, siempre quieren ir un paso más allá y dar el salto con su investigación e insertar ADN humano en su fórmula. Naturalmente, les dicen que no, pero Elsa, ni corta ni perezosa, lo hace por su cuenta. Dicho atrevimiento, dará a luz a una criatura nueva y única, en la que, curiosamente, su peor faceta, sea la más humana.
Con esta película tuve una agradable sensación (bueno, verla no lo es tanto, que da algo de mal rollo) y es que es innovadora. Los personajes se enfrentan a verdaderos retos morales y no siempre elegirán bien, traspasando muchos límites. Pasan cosas que NUNCA veríamos en una producción más hollywoodiense y consigue incomodarte más allá de las imágenes explícitas, único recurso que parece conocer el cine de ahora (Oh, sutileza, esa gran desconocida).
Al principio abusan demasiado de la estética azul (tomad nota: ¡CSI era mentira, en los laboratorios hay muchísima más luz!) y el bichillo me hacía pensar automáticamente en Alien pero consiguen ir dejando la sensación de déjà-vu atrás y tomar un camino algo más propio.

El personaje de Elsa me parece muy interesante, con un pasado ligeramente esbozado y curioso y aunque tocan el que parece ser el tema inevitable cuando se habla de mujeres, la maternidad, está tratado de una forma bastante buena y está muy bien metido en la historia.
El personaje de Clive es algo más oscuro y menos profundo, pero que a veces sus acciones llegan a manejar más la trama que las de Elsa, ensimismada con la criatura llamada Dren, y de ésta última no sabes en ningún momento si quedarte con su carita dulce, o con sus inexplorados impulsos.
Sarah Polley sigue actuando estupendamente, y Adrien Brody… bueno, éste ni fú ni fá para mi gusto. Las referencias a los frikis (o Nerds, en este caso) ocasionan alguna sonrisa cómplice, pues es probable que sean el público mayoritario y más sabiendo que la mano de Guillermo del Toro anda detrás.

No es de lo mejor del género, pero se agradece el atrevimiento