Critica The road dirigida por John Hillcoat
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El pasado viernes 5 de Febrero se estrenó en nuestras pantallas The road (aunque anteriormente se pudo ver en la clausura del Festival de Sitges 2009), una película del australiano John Hillcoat. Mala fecha para estrenarse, pues ha coincido con varias de las cintas más nominadas para los próximos Premios Oscar 2010 (Precious, Nine y Up in the air). También, todo hay que decirlo, no le auguro buena recaudación en España dada su temática pesimista y su gran carga emocional. Pese a todo, me atrevo a decir que es el film más recomendado de la cartelera.
La historia en este largometraje apenas tiene trascendencia; pasa a ser secundaria para que los sentimientos cobren el protagonismo. Una catástrofe a nivel mundial (la cual no se explica) deja a la Tierra en un futuro post-apocalíptico sumisa bajo un cielo gris cuyo corazón va apagándose a marchas forzadas invierno tras invierno y cuyos supervivientes deben resignarse a morir o intentar sobrevivir a las inclemencias o a la barbarie de la desesperación del ser humano. Acompañaremos a un padre y a un hijo en ese viaje, cuya identidad queda en el anonimato afianzando más si cabe la idea de "un supuesto" futuro que podría estar escrito para cualquiera de nosotros.

Dado que servidor no ha tenido la oportunidad (o el tiempo) para la lectura de la novela, escrita en el año 2006 por Cormac McCarthy en la que esta basada la cinta, me limitaré a las impresiones causadas por la obra animada. La novela es más sombría y abrumadora si cabe cobrando mayor protagonismo el padre y el hijo en detrimento de los personajes secundarios del trabajo de John Hillcoat. Pararé aquí en lo que a las diferencias se refiere para no hablar sin saber y desviar a los seguidores de Tomacine a un estudio "sin base" e impersonal. Eso lo dejaremos quizás para más adelante aunque empezaremos hablando del responsable del mismo.

Cormac Mccarthy es un escritor americano de reconocimiento internacional (siempre esta entre las quinielas para recibir el premio Nobel de Literatura) nacido en 1933 que últimamente se ha hecho más famoso todavía gracias a que sus dos últimas obras se han llevado con éxito a la gran pantalla. Una de ellas es la que hoy nos acontece, The road (por la que consiguió ganar el Premio Pulitzer), y la otra es la dirigida por los hermanos Cohen, No country for old men con nuestro oscarizado Javier Bardem. Lo curioso es el dato de que en toda su carrera McCarthy ha escrito 10 novelas y estas dos últimas las ha creado en un lapso de tan sólo dos años.
Comentar que su novela Blood Meridian, Or the Evening Redness in the West, se encuentra en labores de producción y será llevada al cine por Todd Field a lo largo del año 2010. Por su parte, Andrew Dominik se hará cargo de llevar a la gran pantalla otra de sus obras, Cities of the Plain, la cual ha sido anunciada para el año 2012. A priori parece que sufriremos un empacho con sus obras en las salas de cine pero en el caso de que se lleven a cabo con el rigor necesario, no creo que importe lo más mínimo.

Tras las cámaras se encuentra el australiano John Hillcoat, cuyo trabajo más notable hasta la fecha ha sido The proposition en el que su principal protagonista era Guy Pearce (de origen inglés pero afincado en Australia), un actor que descubrimos en L.A. Confidential y al cual hemos podido ver en películas tan dispares como Memento o la revisión de El conde de Montecristo. Su aparición en The road es efímera pero su nombre pesa y es reclamo publicitario si aparece en los títulos y poster de cualquier película.
El director ha sabido otorgar la esencia de la obra, plasmar la lucha de un padre por salvar lo que más quiere, su hijo, como único sustento que alimenta su fe y da sentido a su propia presencia en un mundo sin motivaciones para seguir viviendo. Gran culpa la tiene Joe Penhall, responsable de que las palabras cobren vida en un guión a la altura aunque con bajones esporádicos y casualidades forzadas que repercuten negativamente en la narración privándole coherencia en algunos momentos de la película.

El verdadero artífice de que The road se convierta en referente del género es Javier Aguirresarobe. Nacido en Eibar hace más de medio siglo, es el director de fotografía y responsable de una de las mejores recreaciones de un mundo devastado, sin vida y apagado con colores muertos compuesto por una paleta de grises que acompañan la travesía desesperada de los protagonistas. Las construcciones agrietadas (sin caer en el tópico de colocar edificios emblemáticos) y la que en vidas pasadas se conocía como naturaleza forman un todo desolador, ofreciendo al espectador la misma (des)esperanza que al padre e hijo.
Es uno de los grandes de nuestro cine, colaborador de los mejores directores del panorama nacional e internacional y asiduo (ya sea como nominado o vencedor) en las ceremonias de entrega de los Premios Goya. Ha trabajado a las órdenes de directores como Pilar Miró, Alejandro Amenábar, Montxo Armendáriz, Woody Allen... y todos ellos repiten o lo llevan a cotas mayores. Se trata de un actor secundario dentro del séptimo arte sin el cual muchos de los directores mencionados no hubieran dado con el mejor objetivo para conseguir la fotografía deseada viendo mermado el resultado final de sus obras.

Para conformar el triángulo que sobresale en La carretera debemos hacer una parada en la melancolía o angustia que emana cada nota de la banda sonora compuesta por Nick Cave y Warren Ellis. Son los responsables de avivar las emociones con acordes de piano que nos acompañan en el peregrinaje de los protagonistas hacia tierras más cálidas en el cual hay tiempo para emplear los tonos más agudos y pausados para atisbar cierta esperanza (como podemos observar en el clip The beach de más arriba). Sin embargo, y como no podía ser de otra forma por su temática, el miedo y la desesperación se apoderan también de la acción siendo imbadida la partitura con sombrías melodías como podemos apreciar en el siguiente clip titulado The journey.
Como punta de lanza de las bondades de la cinta que nos acontece encontramos a un soberbio Viggo Mortensen cuya mirada perdida traspasa la gran tela blanca con unos ojos claros mezcla de colores desconocidos para su descendencia, quizá el último llanto de un mar que anteriormente fue bello.
No cabe duda de que este actor neoyorkino es uno de los mejores de su generación y basta con ver sus obras y su vida para comprender que nos encontramos ante una persona diferente. Aparte del cine ha escrito multitud de libros y hecho sus pinitos en el mundo de la música. Su interpretación en Promesas del este fue espectacular aunque en mi opinión en The road ha sabido dar un paso más, dando rienda suelta a su innegable talento para dotar a sus personajes de carisma, bondad o incluso repulsa. Hace apenas un año saltó la noticia de que probablemente dejara de lado el trabajo como intérprete para participar en proyectos de otra índole. Para el cine sería una gran pérdida pero estoy seguro que otro tipo de arte verá con buenos ojos su dedicación.

La clave para que The road se convierta en obligatoria lectura y/o indispensable en nuestra hemeroteca parte del afán por conocer algo más de nuestro psique, encendiendo el piloto que nos haga distinguir la frontera (a veces imaginaria) que divide al animal del hombre.
A lo largo de la vida el animal recorre el mismo ciclo vital en el que debe cumplir sus necesidades (alimentarias, reproductivas y de supervivencia). Esta espiral motivacional acaba únicamente con su muerte. Los humanos, en cambio, tienen la capacidad para inventarse nuevos deseos y es cuando pierde esa capacidad, cuando tiene potestad para acabar con su propia existencia.
Como muy acertadamente indicaba Sartre, "el hombre esta condenado a ser libre" pues tiene las herramientas necesarias (la inteligencia, la conciencia) para elegir su propio destino una vez alimentadas las necesidades biológicas básicas. Lamentablemente, esa libertad también convierte a los humanos en seres indefensos ante los cambios de ánimo que puedan llevarlos al ocaso por no haber saciado sus necesidades de orden superior, esto es, como indica Maslow las compuestas por la "seguridad", "amor y afecto", "propia estimación y estimación ajena", "el saber" y "la realización de uno mismo".

Esas necesidades son ahogadas por la pérdida de una cultura o civilización (quienes son los pilares que la sustentan). Estas afirmaciones son las que una vez el Mundo se haya puesto del revés las que llevan a los personajes y al receptor (sea lector o espectador) a una pregunta de difícil respuesta: ¿Para qué seguir viviendo?
Este juego moral nos lleva a hablar del encuentro del padre e hijo con un anciano casi ciego. Robert Duvall es un valor seguro y aunque su personaje apenas goce de minutos en pantalla sirve para seguir hablando de la moralidad humana. Existe una confrontación ética entre los familiares, uno regido por su inocencia y el otro por su experiencia. Nuevamente otra interrogante sobrevuela nuestra conciencia: ¿Para qué dar alimentos a un viejo (que de todas formas morirá en breve) malgastando víveres que después necesitaremos?

Por último me gustaría hacer alusión a la importancia que se da a los sueños en la película en apenas un par de frases. Son divagaciones sin aparente repercusión que sin embargo, apenas captadas por nuestro canal auditivo retumban inconscientemente en nuestro cerebro si con anterioridad hemos percibido su mensaje en nuestra retina. "Si tienes pesadillas es porque sigues luchando. Lo peor es cuando piensas en cosas buenas".
Los malos son las personas que no llevan el fuego consigo pero querría hacerte una pregunta, papá: ¿Seguimos siendo de los buenos?

Actualizado (Miércoles, 03 de Marzo de 2010 12:29)












Comentarios
¿Por qué Viggo y su hijo luchan por sobrevivir?…
lopensaremanana.blogspot.com
Los que no han leído la novela de Maccarthy. Muchos acudirán embaucados por los clichés apocalípticos de género y que, sin querer, alimentan los trailers. Se encontrarán, en muchos casos con una producción "outsider", seca y plana, pero que deja indiferente, vacía de emoción.
Los que han leído el libro -como el menda lerenda-. Si realmente disfrutaron con la historia, con toda la desolación y tristeza que transmite, no obtendrán tal conexión con la película que se han "predispuesto" a ver; ni mucho menos el mismo grado de goce o entretenimiento , pese al tono deprimente de la historia. Algo falla, y no sé que es, pero aún "pareciendo" contar lo mismo, la trascendencia, lírica narrativa y lección que entraña, en la novelita cala hasta el fondo y en la cinta agobia la literalidad de la forma-sin fondo.
No es una cuestión snob de tipo de público. Sabía lo que iba a ver..y no lo encontré.
Las interpretacione s, bastante buenas, pero por lo demás no entretiene ni el sufrimiento, porque no es vívido como debiera.
EL punto en contra, y esto es muy subjetivo, es el hijo, por el que apenas sentí lástima o sufrimiento alguno. Todo lo contrario, pues me resultó de lo más molesto y cargante, sensación que derrumba por completo cualquier empatía que puede tener con su personaje.
El retrato de la desolación, en sí, por muy bien hecho que esté, no justifica una producción de este calibre...La novela es breve y muy buena; la película es mediocre como cine (a pesar de sus magníficas interpretacione s y fotografía), porque no aporta nada en ese discurso plano y caligráfico de la desolación, que no debiera ser novelístico y eficaz en su fidelidad literaria, sino cinematográfico , generando su propio discurso de adaptación. A cada arte lo que le toque.
Que conste que he leído la novela. Y es muy dura, pero el diálogo lector-novela, o padre-hijo le da cien vueltas a este retrato "robot" literario de Hilcoat, con 2 horas de lo mismo, donde el diálogo espectador-peli te deja noqueado, sí, pero de absoluto aburrimiento o pura saturación monotemática (cosa que no es la novela)...
Los Cohen sí supieron captar el espíritu de Maccarthy en cine, sin aburrir ni pretender "fidelidad"..
La crítica no me ha parecido tal.
Estaría bien que colgaráis alguna entrevista del director, del autor de la novela o de los actores a cerca de la pelicula: a mí me gustaría ver sus opiniones ó el making off.
Pone los pelos de punta!
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